Capítulo III
Lo que comenzó como la búsqueda de apoyo para cuidar a su madre terminó convirtiéndose en una experiencia que transformó su forma de entender el cuidado, la familia y el valor de acompañar a quienes más lo necesitan.
Una voz nacida desde el amor
Hay momentos en los que el cuidado deja de ser una idea lejana y se convierte en una realidad cotidiana. Para Clara Inés Pérez, ese momento llegó cuando su madre fue diagnosticada con Alzheimer. Lo que comenzó como pequeños olvidos y cambios en la rutina se transformó en una experiencia que exigía paciencia, comprensión y nuevas herramientas para afrontar los desafíos que traía la enfermedad. Con el deseo de acompañarla de la mejor manera posible, Clara Inés decidió buscar formación y encontró en el Programa Juanitas una oportunidad para aprender y prepararse para una realidad que ya hacía parte de su vida.
Antes de llegar al programa, muchas de las decisiones que tomaba estaban guiadas por el afecto y la intuición. Sin embargo, a medida que avanzaba la enfermedad de su madre, comprendió que el amor por sí solo no resolvía todas las dudas que surgían en el día a día. Necesitaba entender mejor los cambios emocionales, las dificultades de comunicación y las necesidades particulares de una persona con Alzheimer. Fue entonces cuando inició su proceso de formación, un espacio que le permitió adquirir conocimientos prácticos y compartir experiencias con otras mujeres que también ejercían labores de cuidado. A medida que avanzaban las clases, Clara Inés descubrió que cuidar también implicaba cuidar de sí misma. Aprendió que el agotamiento, la frustración y la incertidumbre son emociones comunes en quienes acompañan a otra persona de manera permanente, y que reconocerlas no significa querer menos a quien se cuida.
Ese aprendizaje transformó la manera en que asumía su rol dentro de la familia y le permitió enfrentar los momentos difíciles con mayor tranquilidad. Con el tiempo, los conocimientos adquiridos empezaron a reflejarse en la relación con su madre. Clara Inés encontró nuevas formas de comunicarse con ella, comprendió la importancia de adaptarse a los cambios que trae la enfermedad y aprendió a valorar los pequeños momentos compartidos. Las conversaciones ya no eran las mismas de antes, pero seguían existiendo formas de expresar cariño, compañía y cercanía.